El niño herido II
- Alexander Laínez
- 17 feb 2021
- 1 Min. de lectura
Los adultos de hoy son el reflejo de las heridas ocasionadas por los adultos de sus respectivas infancias y los adultos de hoy infringen las heridas a los niños de hoy que serán los adultos de mañana, para salvar a los niños de mañana de las heridas es necesario sanar al adulto de hoy para que no repita las mismas historias.
Cuando nuestro patrón de apego en la infancia fue seguro porque el vínculo establecido por los padres fue de protección y aceptación incondicional, es muy probable que hayamos crecido con una buena salud emocional y seamos capaces de entablar relaciones maduras con otras personas.
Lo más normal de la mayoría de adultos del presente es que fuimos cuidados por padres o personas que no sabían mucho de cómo educar o cuidar a un niño para que creciera emocionalmente sano.
Lo más normal es que los adultos no sabemos reconocer las heridas que llevamos, esto se da por el hecho que reconocerlas, es como decir que nuestros padres se equivocaron al educarnos.
Como cualquier herida física, las heridas emocionales pueden ser superficiales o profundas; si la herida es superficial las consecuencias suelen ser pequeñas, en cambio si las heridas son profundas las consecuencias serán grandes.
Las cinco heridas son: rechazo, abandono, humillación, traición e injusticia (abuso).

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